Querido hermano:

Cuando paseábamos por nuestra pequeña y coqueta ciudad hablábamos sobre como sería en el futuro. Teníamos muchas dudas sobre el y no siempre estábamos de acuerdo. Ninguno de los dos hemos acertado. La ciudad ha crecido. En todos los aspectos. Es más rica. Hay más negocios y se mueve más dinero. Se ha expandido por el norte y se han edificado barrios enteros, con cierto aire moderno y no muy mal gusto. El color blanco de sus edificios ha ido dejando paso a ocres, rojos y mezclas no muy afortunadas, que han modificado su fisonomía. Seguimos recibiendo muchos turistas que vienen a ver nuestros monumentos. La población ha sufrido un cambio espectacular. Tenemos paisanos de muchas nacionalidades: chinos, árabes, rumanos, argentinos, chilenos, ecuatorianos, colombianos, subsaharianos, además de algunos ingleses. ¡Somos cosmopolitas! Y además en la época de la recogida de la aceituna vienen emigrantes para hacer ese trabajo que tan bien cantaban los poetas y cantautores de los años 60-70.
¿Recuerdas: “aceituneros altivos…”?
No ha sido fácil esta integración, problemas de adaptación, pequeños delitos al principio de llegar, posiblemente cometidos por la delincuencia de aquí que ganaba en río revuelto. Pero hay una cosa de la que podemos sentirnos orgullosos, nuestros paisanos se han volcado en ayudar a los emigrantes, albergues, comida durante toda la campaña, personas que se alternan en hacerla y en servirla, alimentos donados, ropa para combatir el frío, hemos sabido estar con la gente en el momento que nos necesitaban.
Pero no todo es positivo, el tráfico es horrible y ni los semáforos ni las rotondas que se han creado consiguen agilizarlo ni dotarlo de racionalidad.
Seguiré contándote cosas en otra carta.
Un abrazo